Yo te amo, bien los sabes compañero, te amo y ojala así no fuera, sabe Dios que me resistí a quererte, pero no pude mantenerme al margen más tiempo.
Una vez me propuse no amar, no sufrir, descansar…y aquí me tienes, pendiendo mi alma de un hilo por la tuya,… ¡que se me escapan los suspiros por los rincones de entre los huecos de mi memoria!...
Soledad adolecida intento anestesiarla a cada segundo que pasa: le engaño, la esquivo, la retengo con falsas esperanzas.
Pero te vas… y te llevas contigo parte de mi aliento palpitando cálido en tus labios, apenas se enfrían los besos, y ya te alejas, veo cómo te alejas, dejando un alo de triste silencio, de soledad completa, de tumba descubierta… ¡Adiós!
No, adiós no me digas nunca… adiós, presagio de para siempre…dime asta pronto, nos vemos… ¡miénteme! y “dime ya vuelvo”, pero no me digas nunca…
El tiempo, soldado impasible en su avance sin tregua, el tiempo es sordo de toda súplica mía, es mudo de toda razón, juez y verdugo al mismo tiempo, ese es mi tiempo ese, es tu tiempo…
Una vez más te alejas, pereces alejarte cada día un poco y yo muero por cada día que pasa… quisiera acostumbrarme, pero me cuesta…
Dime, cómo encontrarte cada noche que te busco, dime, cómo buscarte…
Dime, cómo mirarte cada vez que te hable, dime, como encontrarte…
sábado, 4 de abril de 2009
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